Lo más novedoso en tecnología de
calefacción está representado por los pisos radiantes o
calefacción hidrónica, fundamentada en el principio básico de
la radiación solar, consistente en irradiar calor en todas las
direcciones de manera uniforme y natural. Esta tecnología de
confort es segura, eficiente, no contamina y con el debido
mantenimiento, queda garantizado su funcionamiento de por
vida. El sistema no calienta ni reseca el aire ya que éste no
pierde su humedad natural; en cambio, proporciona un calor
ligero de alrededor de 21°C a los objetos y personas de una
habitación, iniciando de abajo hacia arriba hasta una altura
de 2 a 3 m, favoreciendo además un ahorro de hasta el 40% de
energía en comparación con los sistemas convencionales.
El funcionamiento del sistema se basa en una caldera de gas para el
agua y una bomba o circulador que la impulsa a trasladarse por
una red de tubería que va de 3 a 5 cm por debajo del piso,
mediante un circuito cerrado cuyo flujo de agua sale y regresa
a la misma caldera en un ciclo continuo. Así, de la caldera
parte una línea de alimentación que suministra a los
colectores o manifolds; posteriormente esa línea de
alimentación va al cabezal y de ahí sale a los serpentines que
corren por todo el piso a una distancia promedio de 21 cm
entre ellos. Una vez que el serpentín recorrió todo el piso
regresa al cabezal de retorno y de ahí a la caldera
continuando el reciclamiento del agua. Cada vez que el agua
pasa a la caldera es calentada en un incremento de 25°C, ya
que el agua en circulación debe tener una temperatura entre 35
y 45°C.
Debe instalarse un aislante
térmico, preferentemente de poliestireno, debajo de la tubería
subiendo unos cuantos centímetros al contorno de los muros
(como una especie de bandeja) para evitar que el calor se
disperse hacia el subsuelo o los muros y propiciando que el
agua suba e irradie a través del piso a la habitación. El
usuario puede cortar el suministro de radiación de calor de un
área determinada cuando no se va a utilizar o regular el nivel
de la temperatura para cada habitación mediante los
termostatos o los manifolds, según sea el caso.
El arquitecto Héctor Juárez, recomienda que la tubería sea de
polietileno reticulado (Pex, por sus siglas en inglés), el
cual es importado; asimismo, la tubería debe ser de una sola
pieza sin uniones ni añadiduras para asegurar que no habrá
fugas. Agrega que actualmente en México, como parte del
sistema, se incluye una caldera europea especializada Hergom
a la que puede conectarse además del sistema de calefacción
hidrónica, el sistema hidráulico doméstico que controla
regaderas, lavabos y tarjas. Esta innovadora caldera es lo más
evolucionado en México en lo relativo a pisos radiantes.
Cómo hacerlo
Para
instalar el sistema la casa o edificio debe estar en obra
negra para que pueda ser integrado al proyecto, ya que
deben ser consideradas las características que determinarán
los cálculos térmicos, como altura de pisos, ancho de muros,
tamaño de ventanas, tipo de materiales y acabados; estos
factores refieren la capacidad de carga que deberán tener las
calderas, la velocidad y presión del agua y la distancia
exacta a dejar entre la tubería o serpentines, así como la
cantidad de equipo de instalación.
Una vez dimensionado el gasto
térmico requerido se define la capacidad de la caldera, la
cantidad de material necesaria para el tendido de la
instalación, así como el número de distribuidores y
termostatos. Con estos datos es elaborado el proyecto de
calefacción y se decide en dónde colocar los equipos y
colectores de agua.
La primera etapa en el proceso de
instalación implica poner la red principal que consta de:
hidrocontroles, así como el cabezal con las
válvulas y el equipo eléctrico requerido por aquél; en la
siguiente etapa la obra debe estar limpia de residuos,
herramientas y perfectamente nivelado el piso, y entonces se
realiza la colocación del aislamiento térmico de poliestireno extruido, el cual es fijado con cables de alambre retorcido;
sobre ello se pone la tubería o Pex y se conecta al
hidrocontrol de salida y de retorno; ya conectado es añadida
agua a presión y se coloca un manómetro para asegurar que la
presión se mantiene, y así detectar la presencia de fugas. A
partir de ese momento se cubre la tubería con concreto, para que tenga lugar el
proceso de convexión que permite que, por inercia térmica, el
calor quede equilibrado y repartido.
En la tercera parte del proceso
se alojan la caldera, los termostatos (para control en las
habitaciones) y las conexiones eléctricas en un tablero o
gabinete de distribución; finalmente se arranca el sistema
para ser probado.
El origen de este sistema proviene de la
Roma antigua donde se conocía como Hipocasus. En la
España medieval fue conocido como Glorias, y consistía en
introducir calor en el suelo mediante ductos o trincheras y
dejar que la radiación ambientara las habitaciones.